¡Un viaje inesperado!
- Quinto "B"
- 21 jul 2019
- 3 Min. de lectura
Por: Kimberly Vargas
El día 7 de mayo del presente año, dos días antes de las inscripciones para materias optativas en la Universidad Central del Ecuador, al momento de sacar mi documentación me encontré con la sorpresa de que no estaba inscrita, lo cual apenas me enteraba y en honor al tiempo no obtuve ayuda alguna por lo que tuve una semana sabática en la que surgió un viaje inesperado fuera de la ciudad de Quito.
Latacunga, capital de Cotopaxi, es la ciudad a donde tomo curso mi viaje el día martes 19 de mayo, donde conocí acerca del parque “Vicente León”, lugar histórico, rico en reliquias coloniales que guarda secular grandeza en la historia del Cotopaxi, del mismo que muchos desconocen pero que al pasar por su frente es inevitable que no detengan la mirada para observar y saber un poco de su historia como latacungueños.

Era en ese lugar donde estaba entusiasmada de vivir una nueva experiencia dentro de tantas que ya había vivido y las que me faltaban por vivir. Cuando el reloj marcaba las siete de la mañana, yo Kimberly Vargas iba entrando por el parque donde se encontraba la persona que me acompañaría en una nueva aventura, su nombre, Marcel. Lo primero que hice al entrar fue observar cada una de las cosas que allí se encontraban, como era un lugar histórico con más de doscientos años era evidente que muchas cosas me podrían sorprender. A penas llegamos al centro del parque y notamos como nos daba la bienvenida Vicente León, un gran monumento en honor al ilustre personaje de unos 6 metros de alto lo cual bastaba para resaltaba para llamar la atención, a su alrededor en una silla de madera encontramos Leonardo, morador del sector, el nos mencionaba que es un fiel de la iglesia que se encontraba en nuestro frente.
Al mirar hacia sus alrededores se observaba varias palmeras reales que le dan un toque señorial. Y lo mas interesante la catedral al fondo, que en 1975 fue intervenida para realizar trabajos de restauración y ornamentación. La Catedral. es un símbolo para los latacungueños pues representa la fe de un pueblo con historia y tradición.
Luego de dar un detenido paseo por el parque y escuchar el canto de los pajaritos que se posaban en las afueras de la Catedral, decidimos ingresar. Apenas entrabamos observamos varios cuadros, todos antiguos de santos, al fondo se encontraba la Merced mirándonos, del lado derecho había tres puertas que, al preguntar a un miembro de la iglesia que cumplía la función de monaguillo, contesto, “la primera es de una sala de espera, la segunda el despacho del sacerdote y unida a esta tenemos la entrada del despacho cural”, la última puerta nos explicaba que es el lugar donde se entregan todo tipo de documentos eclesiásticos.
Esperamos para poder conocer mas acerca de los latacungueños y llego la hora, la hora de misa, los fieles esperaban en la puerta para entrar a coger los primeros puestos y así no perderse de ningún detalle del sermón. Nos llamó mucho la atención la sacrista que es un lugar sagrado. No se si esta vez la curiosidad me mataría a mi y no al gato,pero quería saber mas acerca de ese lugar sagrado donde guardaban los implementos litúrgicos y allí se preparaba también el sacerdote. Apenas logre ver un closet, pero es mas grande que el despacho con puertas mucho mas amplias, claro que se podía notar que no era antiguo.
Bueno había pasado una hora y ya casi todo terminaba el sacerdote daba anuncios parroquiales y ese día invitaba a los fieles a un bingo para la operación de uno de sus miembros. En ese instante luego de que el sacerdote diera la bendición final diciendo “que el señor sea con ustedes”, los fieles se dirigían afuera donde nos acercamos con Marcel hacia María, anciana devota, que manifestó “no hay mejor cosa que ser de Latacunga”. Y así se iba terminando esta experiencia vivida.
No se si esto se vuelva a repetir lo que si hay que reconocer es que fue una experiencia sorprendente llena de miedos y emociones y tal vez de recuerdos. Conocí un poco de la gran historia de Latacunga y su lado religioso.
Con toda esta experiencia pienso que es necesario conocer varios entornos para no caer en desconocimiento, el mismo que no hace bien a nadie.
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