TODO A LA PUERTA: UNA CRÓNICA SOBRE LOS REPARTIDORES DE GLOVO
- Quinto "B"
- 21 jul 2019
- 4 Min. de lectura
Autora: Carla Aráuz

Glovo, la aplicación móvil de reparto a domicilio, es más utilizada en la ciudad de Quito. Hoy sus repartidores nos comentan sobre su situación laboral y viví la experiencia de acompañar a uno en sus pedidos. ¿Cumple esta empresa realmente su promesa de trabajo flexible?
La tarde del lunes 15 de abril, en el cual caían gotas de lluvia que sonaban como piedras. Decidí, junto a mis tres amigos (Bryan, Adrián y César) usar, por primera vez, la aplicación Glovo, la cual permite enviar cosas o pedir comida en buena parte de la ciudad. Llovía fuerte y necesitábamos entregar una copia de cedula y una autorización cerca del Mall El Jardín a Karina Ortiz, la madre de mi novio. Nos pareció barato el costo del servicio, tan solo $4.50, los cuales nos evitarían una hora de viaje desde Solca hasta la Av. Republica. Esperamos unos 15 minutos hasta que el motociclista, que haría nuestro envío, llegara a la puerta de mi conjunto. Bajé, con un paraguas y vestida con una chompa verde larga, muy abrigada, por el frío de 5oC que paralizaba las extremidades. Todo por enviar los dichosos documentos. Le pagué al señor repartidor, y vigilé su avance mediante la aplicación. El envío llegó unos 15 minutos después de lo que estimaba la app. Un tanto apurada, llamé a quien recibiría los documentos y le mencioné que esperara afuera el envío. Molesta, tanto por la demora de la entrega, consideré calificar con una puntuación baja al repartidor. Más tarde, ya con una pizza y escuchando Tan Biónica por Spotify, en el calor de mi casa, pensé en la lluvia, el frío y el tráfico que el motociclista de Glovo vivió para entregar esos documentos; lo re-evalué con la máxima calificación y el bichito de la curiosidad me picó.
El martes 7 de mayo, con casco en mano, decidí ir a dar vueltas por el Centro Comercial Iñaquito (CCI), lugar de reunión de los repartidores. Esto para ver si podía acompañar a uno de los motociclistas en un par de pedidos. Entrevisté a Mario Romero, de 39 años. Ha trabajado desde noviembre en Glovo. Trabaja como contratista, factura quincenalmente a Glovo, y diariamente le salen 15 pedidos, eso que circula en bicicleta. Ha sufrido varios accidentes; en una ocasión casi atropelló a una señora, cayéndose para evitar chocarla.
Encontré a Javier, un motociclista venezolano de 23 años, quien esperaba nuevos pedidos en el parqueadero del CCI.
— ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en Glovo? —, pregunté.
—Yo tengo… Desde octubre —, respondió Javier.
Le pregunté si podía acompañarlo, me respondió que sí, pero que debía usar casco y una bufanda. Suele arder si no estás acostumbrado a andar en moto; el repúgnate olor a smog y el viento la irritan. Unos pocos minutos después de la entrevista, un acorde rockero de guitarra le avisaba que un pedido estaba listo. Nos acercamos al McDonald’s, retiramos el pedido, lo metimos a la bolsa amarilla con el logo de Glovo, y nos pusimos en marcha hacia la Rio Coca y Shyris.
Ya subida en la moto, y con el calor del pedido en mi espalda, comenzaron a resonar las palabras de Mario en mi cabeza: ¿Y si nos chocábamos en el camino? Tanto Mario como Javier supieron expresar que, los accidentes de tránsito suceden a diario en este empleo, que a mi punto de vista es una nueva forma de subempleo que no respeta los derechos ni la vida de los mismos. Y como me supo explicar Jesús, un amable repartidor de 36 años y nacionalidad venezolana, el cual encontramos en el camino.
— Gracias a mi señor no he tenido ningún accidente y si lo llegara a tener, ¿Qué es lo que haría?
Según Infobae y El Economista, conocidos portales de noticias en Argentina, el juez Andrés Gallardo ordenó al gobierno porteño que prohíba en todo el territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires las actividades de los servicios de reparto a domicilio Rappi, Glovo y PedidosYa. Esta medida permanecerá vigente hasta que se acredite que todos los repartidores trabajan en las siguientes condiciones: circulan con casco, que la caja en la que llevan los productos está anclada a la moto o bicicleta, que tengan seguro de vida y accidentes, que cuenten con libreta sanitaria, y que los vehículos tengan una adecuada señalización nocturna, tanto luminosa como refractaria. Estas medidas también deberían implementarse en nuestro país, según Belén Orozco, fiel usuaria de este servicio.
La forma en que se labora dentro de estos nuevos servicios de reparto, supuestamente flexible, se considera una nueva forma de precarización del trabajo. Esto se da a través del sistema de “Uberización Neoliberal”, que consiste en una subcontratación que indulta a la empresa de responsabilidades con sus empleados, esto en palabras de Aquino Guillermo. Este periodista y youtuber, de nacionalidad argentina, da una práctica pero entretenida explicación de cómo funciona realmente este servicio. Además menciona las dificultades que pasan estos repartidores, el cual deja un mal sabor de boca en todo lo que podamos pedir a través de esta aplicación.
Tras un par de horas, en las cuales entregamos 4 pedidos con Javier, regrese a mi casa cuestionándome algunas cosas, pero la más importante: ¿deberíamos permitir que vuelva la subcontratación, eliminada en la constitución de 2008, disfrazada de flexibilidad laboral?
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