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Salto de la rutina, durante una semana de entretenimiento: A la mitad de 180 días.

  • Foto del escritor: Quinto "B"
    Quinto "B"
  • 29 jul 2019
  • 4 Min. de lectura

Crónica realizada por: Jennifer Nicole Gurumendi Cedeño.

Una vez al semestre en la Facultad de Comunicación Social, los estudiantes tienen una pequeña distracción, con temas de interés, y fuera del horario rutinario de clases.

Es lunes 27 de mayo a las 8 de la mañana culminó en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Central del Ecuador los Talleres Optativos, actividad que se realiza cada semestre después de los exámenes del primer hemisemestre. Es una semana que busca, aparte de la enseñanza, relajar a estudiantes y profesores de la monotonía a la que están acostumbrados los integrantes de la comunidad universitaria. Por los pasillos de la apartada Facultad de Comunicación Social se respira un ambiente de paz, aulas despejadas, estudiantes sonriendo y serenos. Ha culminado la semana de Talleres Optativos, la ocasión donde los estudiantes se pueden olvidar de sus responsabilidades estudiantiles y tienen tiempo para compartir con sus compañeros. Toman de acuerdo a su gusto, el taller de su preferencia. En este periodo de talleres 2019-2019, se ha optado por una nueva forma de impartir estos cursos. Ahora son más dinámicos, en cursos superiores incluso, la mayoría fueron prácticos, y no pasaron los cinco días dentro del aula, viajaron fuera y dentro de la cuidad, compartieron y conocieron nuevas formas de enfoque sobre la comunicación. En esta ocasión el taller tomado, es el de Elaboración de Guiones Audiovisuales, por parte de la estudiante Josselyn Calderón, estudiante de séptimo semestre. En este espacio a cargo de Edward Herrera, se enseñó de primera mano cómo es el entorno de la elaboración de producciones audiovisuales, específicamente como se desarrollan los guiones técnicos y literarios que se necesitan para poder obtener una buena producción. Josselyn, nos comenta: El lunes 20 la clase comenzó con la pregunta ¿Por qué se había escogido dicho taller?, a lo que varios compañeros tuvieron respuestas diferentes. Iban, desde querer hacer un producto audiovisual, hasta el querer saber que hay detrás del mismo como por ejemplo: selección de actores, escritura de la historia que se quiere contar, selección de lugares para el rodaje, entre otros aspectos. Mientras ella cuenta su experiencia, se nota como su cuerpo toma otra posición, una mirada y sonrisa de satisfacción, que da a pensar, que realmente quería ese taller desde el principio. El taller se fue desarrollando con tranquilidad y en un ambiente sumamente amigable, ya que se podía entablar una conversación docente-estudiante, sin ese formalismo cotidiano al que se está acostumbrado. Nos comenta que se comenzó desde lo más habitual, que son las teorías, pero son base para comprender lo que se iba a producir al final del taller que eran los guiones. El taller se fue desarrollando con la ayuda de material audiovisual, así como: películas y cortometrajes, largometrajes y videos. Las clases tenían un receso de 30 minutos luego de 3 horas de clase, empezaba a las 8 de la mañana y culminaban a las 2 de la tarde, aunque el docente los enviaba un poco antes de la hora indicada de salida. Se pudo aprender y apreciar con mayor claridad lo que el profesor estaba impartiendo durante esa semana de taller. Las tareas que debían presentar, fueron realizadas en clase, su mayoría, con eso se logró la comprensión de cada estudiante que formaba parte de ese espacio y que estaba interesado en seguir aprendiendo más del tema para producir aquello que les llama tanto la atención desde el momento en que se matricularon al taller. Los trabajos en grupo eran un poco complicados, pero no por la realización, sino, por la organización de los miembros, para realizarlo a tiempo. Lo que ayudó a la conclusión del taller fue el amplio conocimiento del docente en dicha rama. Su apariencia estricta, y su predisposición para enseñar fue uno de los motores que cada estudiante tuvo para entender y enamorarse del tema en el que se estaban desenvolviendo. A cada interrogante que pudiera surgir en el espacio, el docente estaba presto a responder sin objeción alguna, por lo que, fue fácil aprender, imaginar y desarrollar el producto final que se pidió para la nota final de la materia. Otra estudiante del mismo taller Jacqueline Nogales nos comenta: La semana fue singular e irregular, ya que el feriado se apropió del día viernes y el lunes 27 de mayo se retomó el último día de taller, donde salió a flote lo aprendido. Explica que consistía en un guión técnico y literario de una historia que cada estudiante había inventado tomando en cuenta ciertos parámetros donde el más importante era la viabilidad del proyecto, en el caso de que este se llegara a producir. El aula 81 ya vacía el último lunes, es las 12 y el docente, ya recogió los proyectos finales del taller. Inquietudes entre los compañeros que ya salían, de cómo saber si existían los recursos económicos, si las personas estaban dispuestas a cooperar en el proyecto y que los lugares que se fueran a utilizar no demandaran tanto trámite y sobre todo que el proyecto sea viable. Y así comenzar con ánimo y nuevos conocimientos el nuevo hemisemestre. Con ganas de aprender, de enseñar y de pensar un poco más en lo que estamos por lograr. Luego de un semestre arduo, es bueno un merecido relax, los estudiantes regresan al próximo hemisemestre con ganas de seguir aprendiendo, luego de la semana de talleres optativos. Y así, con todos los ánimos, la semana de talleres llegó a su fin. Agradeciendo que se aprendió mucho más de lo habitual y hubo mucho menos estrés del frecuente, se pudo constatar que el salir de la rutina también, es una buena opción para mantener al estudiante y, por qué no, al docente, serenos y prestos para comenzar un nuevo hemisemestre, a pesar de tener condiciones que no se podían romper, no hubo mayor problema en realizar el trabajo final. Ahora solo queda esperar la nota.

 
 
 

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