EL SILENCIO EN CUATRO PAREDES
- Quinto "B"
- 19 jul 2019
- 3 Min. de lectura
Crónica
Por: Andrea Luna
Era una tarde oscura y lúgubre cuando, Manuel Taco entró a la cárcel del Puyo, no se imaginaba lo que le esperaba, pues al ver sus cuartos estrechos, con poca luz, esponjas viejas destinadas para dormir, un inodoro en la esquina y un olor pestilente, a orina y mierda, le dio una impresión de escalofrió, pero eso solo era el principio ya que nunca se imaginó encontrarse rodeado de ladrones y asesinos en una misma celda. Por la ideología del patriarcado, todos sabemos que en la cárcel existen pabellones de separación, pero aquella vez, fueron mezclados todos. Que ilógico que el policía Marco Meza, diga que “hay clasificación según el tipo de delincuentes, los primarios, ocasionales y habituales, pero por el director a cargo no se logra expandir el espacio para que dividan a los delincuentes”.
Manuel Taco, no sabía cómo portarse, alado de personas agresivas pero tiene la idea de adoptar una actitud dura y orgullosa, pensó que esto haría que los presos se mantengan alejados, pero fue todo lo contrario, ya que el (caporal) o jefe de los prisioneros, tiene reglas en su sección como, quitar todas las pertenencias, humillar a los nuevos, limpiar los inodoros, toda forma de humillación hacia un hombre, haciéndolo perder su identidad en la cárcel, por lo que hasta un policía recomienda acatarse a esas reglas, al negarse Manuel Taco, a las reglas del jefe de los delincuentes saco un bate que se encontraba debajo de la cama, aterrándolo y diciéndole que era para darle su bienvenida, lo único que pudo hacer Manuel Taco, fue botarse al suelo y ponerse en posición fetal, hasta que todo pase y recibir el menor daño posible. Al llegar la noche, Manuel Taco, tiene tanto miedo, como dolor del cuerpo, debido a los golpes recibidos, su ropa rasgada con manchas de sangre y sin zapatos, decidió colocarse en un rincón, sus dientes rechinaban por el frío de la noche y su cuerpo temblaba mientras los demás presos dormían, fue la noche más larga de su vida, al amanecer lo único que esperaba era la visita de sus familiares, con la noticia de que saldría libre, pero se llevó una gran sorpresa, al enterarse que estaría preso hasta el día lunes, pues no se trabajaba el día sábado y domingo, el tiempo en la cárcel le parecía una eternidad, debido a que tenía que cuidarse de los presos. “Es ilógico para la psicóloga Katherine Trujillo, que una persona ingrese a la cárcel y tenga que adaptarse a ese ambiente y tener una actitud sumisa, pero sabe que eso pasa y el daño que tienen estas personas es uno conductual porque, el personaje se ve involucrado en ese ambiente”.
Manuel Taco, tuvo que pasar en vela toda la noche para no ser lastimado, pero el cansancio pudo más que su fuerza de voluntad, al quedarse dormido, los presos aprovecharon para quemarle los pies utilizando papel periódico, provocándole gritos del dolor y brevemente trato de apagar el fuego con sus manos, no pudo hacer nada y mucho menos quejarse con los guardias, solo tenía que resistir el dolor hasta ser liberado. Los presos se enteraron que el día lunes sería liberado, por lo que, le darían una despedida, que consistía en ser golpeado, pero por suerte el día lunes en la mañana salió libre, sin darles tiempo a los presos para que lo golpearan nuevamente.
Su madre, María Toapanta, al verlo salir de la puerta principal de la cárcel, sin zapatos, sin medias, sin poder caminar por las heridas en los pies, con la camiseta llena de sangre y el pantalón roto, lloraba mientras lo golpeaba con plantas que utilizan los curanderos, pues para ella, es una limpia de mala suerte y para que de este modo nunca regrese a la cárcel. Con gran felicidad, a pesar del dolor físico y el trauma vivido en la cárcel, Manuel Taco, abrazo a su familia y pidió perdón a su esposa e hijo por el daño que había cometido, prometiendo cambiar su comportamiento.
Ahora en la actualidad este tipo de casos ya son penados así lo dice el código penal en el artículo 147,” El que, por cualquier medio o procedimiento, causare a otro una lesión que menoscabe su integridad corporal o su salud física o mental, será castigado como reo del delito de lesiones con la pena de prisión de seis meses a tres años” así que podría decirse que Manuel corrió un poco de suerte.
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