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El primer día de nuestro viaje: para recordar.

  • Foto del escritor: Quinto "B"
    Quinto "B"
  • 21 jul 2019
  • 3 Min. de lectura

Por: Vanessa Achig


Hace dos semanas, el bus partió de la ciudad de Quito a las 09 horas del día 25 de abril de este año. Los próximos 3 días los pasaríamos en la provincia de Tungurahua, en la cuidad del Volcán, Ecuador.

Al llegar a las 12 horas del mismo día, el terminal terrestre Baños, fue nuestra primera y única parada, bajamos del bus, desde el minuto uno de nuestra llegada, los guías turísticos que promocionaban pequeños tours por los diferentes atractivos de la ciudad fueron nuestra primera conexión con esta ciudad. Pero antes nos dispusimos a tomar una habitación previamente reservada desde el internet. Luego de una cálida ducha fuimos en busca de un sitio de comida en mercado. Mi hermana Karolina junto a mi madre Jannet recordaban la primera vez que llegaron a esta ciudad, cuando apenas tenía 3 años. Por supuesto no recuerdo nada de ese primer viaje. Finalmente encontramos el lugar que nos gustó a todos para congelar este momento decidieron pedir un plato especial: mote con hornado. Los disfrutamos mucho el platillo entre risas, mi madre contaba con fue mi la primera vez en las termas de agua santa. -Tenías miedo de ingresar al agua temías ahogarte en el intento, pero te compramos un boya con forma de pato, ganaste confianza y ya no querías salir de allí, te engañamos con un helado para que salgas pero no lo conseguimos. Entre llanto y desesperación abandonaste la piscina. Allí cominos y cerca de las 15 horas regresamos al hotel para emprender la primera salida. Recurrimos a un guía turístico.

Cristian López, guía turístico de la ciudad, mencionó las termas de agua santa como el primer atractivo, los senderos, la casa del árbol, la fábrica de caramelos y la visita a la hidroeléctrica “Agoyan” como parte del viaje interno, en un chiva muy tradicional: los colores eran vivos, esto sumando a luces fosforescentes en la parte superior del vehículo formaban el nombre “La Chocolatera” Fuimos convencidos a la primera, la actitud de Cristian nos motivó a pertenecer a su pequeño grupo aventurero, nada diferente de los otros. Los asientos de la chocolatera eran de manera dura, cubiertos de una textura acolchonada propio para el viaje.


Nuestro primer destino fueron los senderos, que nos conducían a la Cascada Cabellera de la Virgen, ahí llegamos a las 16 horas, por supuesto no pudimos evitar tomar fotos y observar este magnífico lugar, esplendido de admirar a lo lejos.

Más tarde visitamos la casa del árbol, sitio muy turístico de la zona, pero no corrimos con buena suerte, entre el clima lluvioso y la cantidad de personas que quería subir al columpio del infinito. Mi hermana contaba al llegar a este sitio como ha cambiado por completo, pues al ser un lugar ahora turístico se cuenta con seguridad al momento de subirse a este columpio. Lástima que no pudimos subirnos. Nuestro recorrido no terminaba ahí la siguiente parada fue la fábrica de caramelos, logramos sacar muchas fotografías y comprar pequeños dulces. Siendo las 20 horas decidimos emprender el regreso.


Llegamos al hotel, cambiamos nuestra ropa y partimos para visitar las artesanías, realizar algunas compras cenar y visitar la Basílica Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa. Ya cerca de las 23 horas regresamos al Hotel, cansados y con deseos de dormir para el día siguiente comenzar otra aventura en familia.

La experiencia fue magnifica el tour bien planificado, ir con “La Chocolatera” fue la mejor decisión, un poco caro pero valió la pena, al final del recorrido recibimos una pequeño refrigerio para complementar el viaje. Sin duda alguna volvería a esta Ciudad con mi familia.

 
 
 

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