Crónica de viaje realizada por Alex Gómez
- Quinto "B"
- 29 jul 2019
- 5 Min. de lectura
Las experiencias de vivir es viajar.
UN VIAJE PARA VIVIR.
“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”.
Nunca olvidaré la primera vez que pude contemplar el esplendor del sol, el frio aire de la montaña, mi primer viaje fue al cerro el corazón. Todo comenzó el 1 de julio del 2006, cuando nos encaminamos hacia este hermoso pueblito de Pimanpiro. Recién llegaba, junto con mis padres y mis hermanos cuando comenzaba a sentir los estragos del largo viaje de aproximadamente 6 horas en auto desde mi ciudad natal de Quito. El plan era encontrar a la hermana de mi mamá quien reside en la ciudad. Recuerdo haber sentido una enorme intriga por volver a ver a mi tía después de 5 años, realmente no guardaba ninguna imagen mental propia sobre su apariencia o su personalidad, esto debido principalmente a mi corta edad cuando ella decidió mudarse, solo tenía ciertas imágenes construidas con base en fotografías y relatos contados por mis padres. Dicha intriga tuvo fin tan pronto nos encontramos con ella, puesto que todo el ambiente se mezcló con un sentimiento de familiaridad, bromas viejas y sobretodo de recuerdos compartidos entre las dos hermanas; los cuales, alcanzarían para mantenerme ocupada durante toda la tarde.
El mismo día de mi llegada, experimenté por primera vez experimente una sensación dentro de mí, la cual me permitiría hasta la actualidad tenerlo y esta es la de tener un alma viajera un espíritu libre que solo tiene deseos de viajar a los lugares más recónditos que puede existir. Es extraordinaria la sensación de estar en un espacio completamente desconocido y tan diferente. Luego de aquel viaje sentí que debía conocer más y es por ello que hice amigos en la universidad, barrio, iglesia con el mismo espíritu de viaje para salir y exitosamente logre ir a la laguna de Quilotoa, Cerro el Corazón, Manta; Baños de agua santa en si, me di la oportunidad de viajar por toda la sierra ecuatoriana junto a mi familia y amigos, pero estos viajes los realice más, junto a mis amigos. Pude contemplar que una gran parte de las personas que transitaban las calles y avenidas del lugar eran extranjeras, variedad de acentos e idiomas se escuchaban por doquier. Confirmé entonces lo que siempre había escuchado sobre las ciudades hermosas que a veces uno se priva por salir o conocer, gracias al viaje aprendí, viví nuevas experiencias. La experiencia que mas me marco dentro de mi vida aventurera, fue hacer cumbre al cerro el corazón, en aquel lugar con tan solo ver la cumbre de tan espectacular cerro que divide a la costa de la sierra se me pasaron por la mente, ¿será que puedo llegar a la cima?, ¿mi físico da para hacerlo?, pues en definitiva tampoco me rendiría en esas instancias, pues fue así que decidí subir junto a mi primo y mi querida prima, ella fue la que me llevo y me hizo aprender mucho de lo que se debe hacer lo primero que hicimos al llegar fue pedir, permiso al cerro para que nos permita subir y ver desde la cumbre la mejor vista que en mi pudiera ocasionar, solo el caminar por los pajonales del cerro sentía el cansancio, dentro del silencio de aquel ascenso se podía escuchar un minúsculo ruido de campanadas, regrese a ver a mis espaladas y pude ver a tan lejana distancia la ciudad de Machachi y notar que esas campanadas era de su iglesia y oírlo, pese a estar tan lejos. guao¡, esto fue lo mas extraordinario que me pasaba dentro de este viaje. Subíamos y subíamos, el frio de la montaña se sentía rosar por mis cachetes y el respirar del aire penetraba la pañoleta que llevaba puesto, tan solo éramos 3 los que subíamos pero al otro lado de la quebrada observamos a un grupo mas grande que igualmente subían, mi prima no quería que nos ganaran y nos daba apoyo moral y a su ritmo nos teniamos que acoplar para así llegar los tres a la cima. Tuvimos una pequeña parada para reponernos, beber agua, comer fruta, recuperar energías para continuar con lo mas duro, que era la escalada a una pared de piedra de mas o menos unos 30° de inclinación. Cumplimos tal objetivo con un cansancio que ya estábamos a metros de la cima, una vista espectacular desde la cima, podías ver la mayoria de nevados de la sierra ecuatoriana como el más cercano que teníamos era el majestuoso Cotopaxi, Rumiñahui, Antisana y asi hasta que la vista te alcance a dar. Una satisfacción total al llegar a tan majestuoso lugar.
El segundo viaje que me marco fue el de recorrer las espectaculares zonas turísticas y playas de Manta, este viaje se dio de improviso, estábamos yo, mi amigo William y Paul, hablando de ir a algún lado y sin pensarlo dos veces William dijo; mi tío vive allá, si quieren vamos y así nos ahorramos el costo del hospedaje y nosotros ni cortos, ni perezosos armamos las maletas y nos fuimos a comprar los boletos y ya sin planificar el viaje los 3 ya estábamos en camino a Manta, Éramos los tres donde vivíamos una sensación única, tanto por su clima su gastronomía su espectacular playa llamada el Murciélago, en una primera instancia nos perdimos pero son pequeñas cosas que pasan dentro de los viajes que se hacen, en fin, permanecimos tres días en aquel lugar asistiendo a sus conciertos de carnaval en la playa, nos permitimos conocer Montecristi, todos los días aprendimos un poco de la gente y sin notarlo esos tres días pasaron tan rápido que llegó el día de tan inevitable partida. Intentando prolongar lo más posible la despedida, tuvimos que emprender el regreso, no sin cierta melancolía por dejar atrás a tan bello lugar. De este modo recorrimos de nuevo el camino que nos trajo, pero ahora en la dirección opuesta, hacia mi tradicional Quito.
En la mayoría de los viajes somos los tres. Solo sé que siempre iré pero ¿quien me acompaña?, eso depende del momento en el que este y sin pensar nos agarremos nuestras maletas y nos vayamos.
“Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal”
Comments